
Una garganta como señuelo,
el horror estaciona
en cada pretexto,
la agonía diseña
una pizca de sangre
y corta el grito de los dientes.

La agonía diseña
pizcas de un señuelo,
la sangre se llena de dientes
y estaciona cada pretexto de horror
en la garganta,
hasta el grito.

Estacionan los señuelos,
en el grito de los dientes
se llenan de sangre,
en la pizca de un pretexto
la agonía diseña
una garganta de horror.

La garganta corta el grito
y lo deja estacionado.
Entre cada señuelo de horror
los dientes son un pretexto,
una pizca de agonía
diseñada para la sangre.